No siempre está en consonancia con las "exigencias del guión", sobre todo a nivel económico, sin embargo es de vital importancia realizar un buen estudio previo; se mire por donde se mire es crucial. Primero por el bien de la pieza a restaurar, y segundo por el del propio restaurador; evitar sustos e imprevistos en la mayor medida posible es bueno para todos.
Nuestra labor, se extiende más allá del taller o de la obra, y se introduce casi sin querer en un laboratorio científico-químico con la esperanza de hallar respuestas a primeras incógnitas o hipótesis establecidas. Esperamos a que una determinada intensidad de onda, un tipo de microscopio, o un cultivo, nos ayuden a ir eliminando opciones; mientras las agujas pasan, pues estas pruebas requieren de tiempo, nos deslizamos a otro espacio de trabajo e hincamos los codos ante el escritorio y comenzamos a trabajar con programas informáticos en los que, en la inmensa mayoría de las veces, nos hemos tenido que familiarizar de forma autodidacta. Mapas de alteraciones, estudios de densidades, acotaciones, fichas de alteraciones, la redacción de la patologías..
Tan arduo, tan necesario, y tan decisivo, que una vez halladas todas las respuestas, realizar la restauración es un regalo, y contemplar su finalización es todo un premio; ¿y qué nos queda después? la satisfacción personal y el saber que aún queda mucho por hacer, y muchos retos que afrontar.
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